Durante el invierno es frecuente que los más pequeños se expongan a contraer enfermedades respiratorias, por lo tanto, es vital que los padres los protejan y conozcan simples medidas que se transforman en grandes escudos de protección.

Respecto a los niños que van al colegio y se exponen aún más a ser contagiados por compartir espacios comunes, las recomendaciones generales son:

  • Lavado frecuente de manos, con agua y jabón o una solución de alcohol glicerinado.
  • Evitar saludar de mano o de beso.
  • Evitar frotarse los ojos.
  • Usar toallas de papel (desechables) para contener las secreciones respiratorias y botarlas a la basura después de su uso.
  • Emplear mascarilla o tapabocas cuando vaya a tener contacto con otras personas y así cubrirse la boca al toser o estornudar.
  • Evitar permanecer en espacios reducidos con gran número de personas.
  • Evitar el consumo de azúcar, debido a que ingerir altas cantidades hacen que se incremente la producción de mucosidad.
  • Evitar los cambios bruscos de temperatura.
  • Abrigar bien el cuello y la boca al pasar de ambientes temperados a fríos.

Asimismo, enfatizar en lo importante que es tener una alimentación saludable con frutas, leche y agua, como también vacunarse contra la influenza.

Cabe precisar que los niños con enfermedades crónicas u otras patologías de base como el asma bronquial, la rinitis alérgica y enfermedades autoinmunes (enfermedad reumática juvenil, lupus), son más propensos a tener cuadros respiratorios más graves.

Un ambiente tabáquico (Padres o entornos familiares donde se fuma) claramente perjudica a los niños, pero muchos adultos ignoran que esto va asociado con las enfermedades respiratorias.

Síntomas y complicaciones

Dentro de los síntomas que distinguen una enfermedad respiratoria se encuentran:

  • Secreción de moco nasal.
  • Respiración rápida.
  • Hundimiento de los espacios entre las costillas.
  • Dilatación de las alas de la nariz.
  • Rechazo a la alimentación.
  • Dolor en el pecho al respirar o toser.
  • Decaimiento o cansancio excesivo.
  • Fiebre mayor de 38,5 grados centígrados, durante más de dos días.
  • Expectoración purulenta o con pintas de sangre.

Para evitar complicaciones, los especialistas sugieren que los padres no esperen más de 48 horas para consultar a un médico si un niño tiene tos y fiebre y/o dificultades para respirar, especialmente los menores de seis meses de edad.

En Jardín infantil Crecemos procuramos que nuestros espacios sean ambientalmente sanos y nuestros protocolos de higiene son estrictos; la prioridad es el bienestar de nuestros niños y niñas.

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